Modificación de la regulación arbitral

Hemos asistido en estas semanas a un intenso debate entre ortodoxos y heterodoxos del arbitraje en el Perú, a propósito de casos de corrupción.

 

Los ortodoxos, conforme a la doctrina generalmente aceptada, no quieren que se modifique la Ley de Arbitraje imponiendo registros nacionales de árbitros y secretarios arbitrales, recursos de apelación contra la autoridad del laudo, ni que se incluya en el tipo penal del prevaricato a los árbitros. Todo ello para no quitar independencia a los árbitros ni efectividad al laudo arbitral.

 

Los heterodoxos quieren “innovar” la regulación poniéndole controles como los señalados antes. ¿Su razonamiento? Mientras los árbitros estén más vigilados harán las cosas mejor, sea en su designación (registros nacionales), actuación en “estricta aplicación de la ley” (de lo contrario, sanción por prevaricato) y calidad de sus decisiones (habilitación del recurso de apelación para la parte disconforme).

 

Los ortodoxos atacan a los heterodoxos por ignorantes y metiches en un ambiente que no es el suyo. Los heterodoxos devuelven la acusación diciendo que los árbitros se creen “angelitos” y que no quieren que les malogren el negocio arbitral, tan sofisticado y rendidor.

 

Este es un buen ejemplo de cómo no debatir racionalmente. Una primera condición del diálogo racional es la veracidad de intención de los contrincantes, que no argumenten “porque les conviene” sino porque quieren establecer la credibilidad de sus posiciones. Se sigue la regla “nunca ataques a la persona, debate la racionalidad del argumento”. Otras condiciones del diálogo racional son la claridad de los argumentos, que sean comprensibles (porque de lo contrario no podrían ser evaluados ni confrontados) y que cuenten con corrección, esto es, que correspondan a la realidad del mundo o se ajusten al ordenamiento jurídico.


Sigamos debatiendo con veracidad, claridad y corrección.


Fuente: El Peruano, 14 de septiembre de 2015

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