Corte Suprema: Criterio para cuantificar daño moral del padre de la causante


En un caso de inexistencia de negligencia médica, el daño moral sufrido por el padre de la causante se cuantifica “de manera equitativa”, lo que supone evaluar en el caso concreto la edad del padre y atender a máximas de experiencia de las que se puede colegir su aflicción por el lamentable suceso, de conformidad con el artículo 1332 del Código Civil.

 

Así resuelve la Sala Civil Permanente de la Corte Suprema, en la sentencia recaída en la Casación N.° 2890-2013-Ica (El Peruano, 01 de junio de 2015), donde un padre recurre la sentencia de la sala revisora que declara infundada la petición de indemnización por daños y perjuicios contra los médicos involucrados –y el Estado- en la aplicación de la vacuna antiamarílica a su hija, después de la cual ella falleció.

 

La joven presentó síntomas posteriores a la vacuna contra la fiebre amarilla aplicada en el hospital de su localidad, por lo que volvió a dicho nosocomio días después, siendo atendida por los médicos –posteriormente demandados-, quienes indicaron que los síntomas eran consecuencia de la vacuna recibida; luego decayó gravemente su salud y falleció. Ante esta situación, el padre demandó una indemnización por daños y perjuicios en calidad de heredero.

 

En primera instancia, se declara infundada la demanda por responsabilidad civil médica, pero fundada la indemnización por concepto de lucro cesante, al estar acreditado que la causante estaba culminando sus estudios de medicina humana, “entendiéndose que en esa fecha su padre era quien afrontaba los gastos de sus estudios, siendo evidente que si la causante no hubiese fallecido habría podido ejercer su profesión y apoyarlo más adelante”; estableciéndose S/. 500,000.00 de monto indemnizatorio que el Ministerio de Salud debía pagar puesto que actuó con negligencia en el desarrollo de la campaña de vacunación.

 

La Dirección Regional de Salud de Ica apela, alegando principalmente que no hubo negligencia en dicha campaña y que la fallecida contaba con una enfermedad cancerígena de la que aparentemente no tenía conocimiento por la cual se generó la reacción adversa.

 

En la Sala Superior se reforma la apelada, eximiendo de responsabilidad al Estado, dado que el hecho fue inusual o caso fortuito, y que los médicos actuaron de forma diligente.

 

Frente a esto, el Supremo Colegiado llega a la conclusión de que los hechos son materia de responsabilidad objetiva extracontractual, conforme al artículo 1970 del Código Civil, por lo que no se hace necesario determinar la existencia de culpa o no del Estado, “dado que la sola presencia del daño genera obligación de indemnizar”. Y, respecto del monto indemnizatorio, precisa que:

 

“la cuantificación realizada por el juez de primera instancia, teniendo como referencia el monto que hubiera ganado la víctima en su vida laboral útil no es pertinente, pues aquí lo que se está indemnizando sustancialmente es el daño moral del padre y no la [futura] actividad económica de la fallecida. Por lo demás, esta valoración se identifica con renta y no puede ser aceptada, pues no puede explicar lo que ocurre cuando no se tiene actividad laboral retribuida o cuando no se produce efectos sobre la actividad profesional, o porqué deben establecerse resarcimientos diferentes ante la existencia de un mismo tipo de daño.”

 

En consecuencia, la Suprema establece que “la valoración debe efectuarse de manera equitativa”, evaluando en el caso concreto la edad de la víctima y considerando la aflicción paterna por la muerte de su hija, bajo el amparo del artículo 1332 del Código Civil.; declarando FUNDADO el recurso, confirmando la sentencia apelada y reformando el monto indemnizatorio, al fijarlo en S/. 300, 000.00.

 

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